jueves, 22 de mayo de 2025

Cartita al Universo

La vida no es una mierda pero siento como una falla en el tema de la existencia. Como que algo no cierra en la estructura, en la dramaturgia de la vida. Por qué debés ser tan choto conmigo, Universo? Realmente es algo personal o me estaré creyendo demasiado importante? Cómo me vas a sacar a mis dos viejos en menos de medio año? En qué cabeza cabe?

Y por qué me importa tanto? Porque son mis padres, claro. Los amo. Pero hay algo de ego ahí también. Todavía quiero saber mucho sobre mi, sobre mi infancia. Me sacaron a mis dos únicos testigos. 
Cómo los vas a matar así? Cómo nos los vas a robar? 
No caigo...
Mas que nada por Ana. Es disparatado! Inexplicable. Inentendible. 
Es una cagada que me pase algo y querer mandarle un mensaje o una foto para compartirla con ella, y me tenga que conformar con mirar el techo y hacer de cuenta que está ahí observando, y hablar a la nada convenciéndome con una sonrisa y una emoción fingida de que ella me está escuchando. Sería hermoso que me escuche y me vea todo el tiempo. Aunque tétrico también que esté ahí cuando cago o me masturbo, aunque ni una paja puede hacerse uno en este estado. Aunque conociéndola, se cagaría de risa. Qué mujer amada! Qué fortaleza única!

Y si bien lo de papá es duro, su parkinson había avanzado. Odio que no esté y no poder quejarme con él sobre Boca, y que me cuente de jugadores de su época o curiosidades que me contó sesenta veces, aunque siempre, siempre, sumaba una nueva. Qué memoria envidiable! Qué tipo sabio!
Cómo los vas a matar así? Mataste el humor!
Qué tipos graciosos esos dos! Qué humor! Qué personajes!
Cómo nos vas a dejar así? 
Ya está... 
No queremos mas.
No podemos mas.
Danos un respiro la recalcada concha de tu madre, Universo.

viernes, 16 de junio de 2017

Mora

Volvía ya a la casa por la vereda oscura del barrio cada vez más peligroso en el que vivo; peligroso no es el barrio sino la gente mala. El paisaje pasaba a mis costados como escenografía sin fin, esa que se repite por un sistema de rollos con una cinta pintada. Verdulería, encargado del edificio, perro, caca, muchacho con skate, moto de delivery...
Cuando llegaba a la esquina anterior a la de la casa una parejita de adolescentes se dio un beso ruidoso, sexual, pude sentir el sonido de los labios despegándose, la saliva explotando, y exageraría si hablara sobre que visualicé las hormonas en el aire. Me quedé pensando en la necesidad que tenemos de enamorarnos constantemente. De la misma persona, de personas diferentes, de cosas. No tuve más remedio que caer en esta realidad abrumadora que nos depara este sistema de ratoncitos en laberintos que somos. La plata, las necesidades inventadas, las regulaciones, los hábitos heredados. Sentimos el peor cansancio de todos que es el de usar nuestro tiempo en terceros para poder alimentarnos con comida que nos ofrecen empresas que les ponen el precio al veneno que llevan dentro.
Vivimos en un cuento de cansancio y fatiga; cuando el clima está frío ese frío es una mierda espesa que se nos mete entre los músculos de los codos y las rodillas, moqueamos mierda en forma de agua líquida que nos secamos con las mangas; lo odiamos, odiamos el frío.
Cuando hace calor ese calor es una mierda tibia y viscosa que se desliza en las ingles y las axilas y baja inescrupulosamente desde los pelos de la cabeza por la canaleta de la espalda hasta donde llegue; lo odiamos, odiamos el calor.
Cuando hace una humedad como la de hoy esa humedad es una mierda gaseosa, compresora de pulmones y pleuras, atascadora de respiración y anestésico muscular; la odiamos, odiamos la humedad. Odiamos todo y es increíble porque no estamos hechos para odiar, y ese odio, o capaz es otra cosa, nos pesa en la mochila, en la bolsa de las compras, en las extremidades y sobre todo en la cabeza.
Llego a la casa, abro la puerta de calle con cuidado de que nadie se quiera meter conmigo para robarme las cosas que tengo, que las lloraría como si las necesitaras o por el sólo hecho de que son mías. El ascensor baja tres pisos hasta el cero en el que espero y subimos mas lentos por el peso de las cosas que ya dije antes. Abro la puerta del departamento, la casa, y me recibe la perra con un amor que tapa todo, con la alegría que pisotea lo racional y babea mi humanidad ya húmeda con cariño instintivo. Se da el ansiado enamoramiento; la amamos, amamos a la perra.

jueves, 5 de enero de 2017

Carta de Virginia a Diego

Es verdad, tendría que estar allá...con vos.
Tendría.                      
Esa es la diferencia con ella. Ella está.                      
Así perdí a mi gran amor; por elegir a otro.                      
Por no estar en el momento indicado, en el lugar justo.                      
Así seguimos...errantes, alimentándonos de supuestos,
de deseos, de sueños que se van rompiendo
como nuestro amor de jóvenes que cada vez envejecen mas,
que se endurecen.                      
Te amé mucho.
Pero lo peor es que sigo haciéndolo, y si queda un poco,
sólo un poco de verdad en tu corazón,                      
dame un beso en la frente cuando nos veamos
y dejame seguir en esta fantasía que somos.
En este híbrido de relación que aparentamos.
En estos ojos húmedos por estar y no estar.
Como siempre...

jueves, 24 de noviembre de 2016

Los invisibles

Somos invisibles, hermano, no hay vuelta que darle.  Será cuestión de suerte; de falta nuestra y de sobra de ellos.
Ya me cansé la verdad. Hasta hace unos meses me conformaba con eso del camino difícil, del aprendizaje completo, de los obstáculos necesarios. 
Pero no. Se terminó.
Somos dos grandes profesionales; tenemos muchas cualidades, mucha habilidad, la sensibilidad necesaria, la chispa. No es suficiente, ¿eh? No hay vuelta atrás. Parece que se pasa el tiempo y sigue lo mismo con nosotros. Estamos estancados en ese submundo medio oscuro, de la aceptación snob de los seres que lo transitan. Somos semitonos, semitodos.
Desastre, hermano.
Y viste cómo llegan algunos. Casi sin querer. O arriesgándose, dejando todo por eso y nosotros que no tenemos esa oportunidad que estos tienen. O capaz es algo que no tenemos. O el destino, qué se yo.
Capaz que el público no es el adecuado o nosotros no somos los adecuados para ellos.
Estoy muy cansado, hermano. Nadie nos ve. Seguimos escondidos, tapados. No salimos a la luz.  Nunca más. Y cansa.

sábado, 30 de abril de 2016

Juego

Siempre vamos a terminar encontrándonos en los espejos. Vamos a jugar al choque de los cuerpos, a las esculturas, a los encastres. No podemos evitar cosernos las pieles y tironear fuerte, buscar el fuego a través de la fricción, generar la amnesia de la impunidad y sonreír; sobre todo sonreír. ¿Y sino para qué jugar?
Si nuestro juego es el perdernos y encontrarnos constante en la calles del Centro o en el tiempo que nos tomamos en contar... Uno, dos, tres, cuatro, ¡Listo! Si no te escondiste te embromás y si vale perrito guardián porque las situaciones lo ameritan y hay que estar con mil ojos, sino te desayunan.
Y lo bueno es que no paramos de jugar. No sólo a esa eterna escondida que nos permitimos desde hace rato sino a los juegos primitivos. Dibujarte cosas en la cara, caerme con el dedo en las concavidades de tu cara. Cómo me gusta dibujarte y mirarte a los ojos que te estallan de sonrisa y me dicen que en ese instante no pedís más que eso. Porque no somos tan exigentes. Nos conformamos con nuestros cuerpos jugando en los escalones fríos o en la alfombra, en las risas armónicas o en las palabras que son excusas para que me rezongues el pelo o lo viejo que estoy, o mentirte que sos hermosa cuando en realidad lo sos pero me quedo corto.
Y siempre nos quedamos con ganas de jugar más pero hay que volver a casa, hacer los deberes, cuidar las cosas de uno. Hay que adecuarse a las reglas.
Para la próxima procuremos tener nuestras comidas a horas mas decentes y que lo lúdico dure más que los recreos que nos tomamos. ¿Será posible que odiemos los recreos? Escondete que terminé de contar...de nuevo.

lunes, 18 de abril de 2016

flashes, sirena

Sos sirena; todavía no se si pájaro o pez, pero hija de harpía o tritón estoy seguro. Sirena que endiablás con esa mirada a un punto invisible, fijo, siniestro. Que inquietás con tu belleza y llevás a cualquiera a la muerte de ese regaño en tu gesto. Esa indiferencia. O al espasmo mismo de un beso que nunca va a ser. Y eso es la muerte, y vos sos sirena.

sentir el cuerpo

Me acuesto y me encuentro decididamente un costal de huesos y gases dentro de tejidos y líquidos. De sentirme primitivamente animal a netamente fisiológico. Una máquina imperfecta; una conexión de probabilidades, de músculos, de carne y sangre, de procesos, de átomos, bombas, secreciones, sistemas. Todo moviéndose dentro mío. Todo un cuerpo.

jueves, 3 de septiembre de 2015

Amor Jettado



Se conocieron un trece en la plaza Laferrere,
Dos historias que se cruzan, mucho para conocer.
Como era martes de estreno fueron al cine del Barrio.
Vieron una de romance, no amerita comentario.

Cenaron en la Bodega de Pepito, gran lugar.
Comieron pulpo, tortilla y la bajaron con Cynar.
Se les cruzó un gato negro cuando bajaban por Pampa.
Los dos cruzaron los dedos, el destino es una trampa.

Ella tenía un anillo que era un clavo de herradura.
Le  atribuía el poder de ahuyentar la Jettatura.
Fueron al bulín de él, chiquito, desordenado.
Lo más fuerte del paisaje, el búho embalsamado.

Ella leía la mano, el leía a un tal Gautier.
Terminaron a los besos y arrumacos en francés.
Durmieron y despertaron, y compartieron constante.
Los dos con el mismo sueño; soñaron con elefantes.

Se despidieron al alba, él le regaló un consejo:
que lleve con ella encima una pata de conejo.
El día siguió su rumbo, cada uno por su ruta.
No hay que andar desprevenido, a veces la suerte es puta.

Ella murió atropellada, el se mató al otro día.
Capaz son cosas escritas, o la numerología.
Los velaron separados, nadie supo de esa historia.
Todo terminó muy pronto. Un amor casi sin memoria.


martes, 1 de septiembre de 2015

-28

Sigue el imán aterciopelado de tu piel -haciendo estragos-.
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Esa manía que tenemos de no dejarnos respirar.
Las neurosis compartidas, las peleas de infantes.
Las ilusiones que creamos y no dejamos de esperar.

Sigue aquel recuerdo en blanco y negro -entre vino y lluvia-.
---
Esas mariposas dibujadas en la cocina del departamento
Los truenos, las caricias de tus letras,
tus dedos, tu saliva, nuestro aliento.
-
Los restos de videos, las ropas en el suelo.
Cartas de a dos, el tan puto deseo.
La culpa de tu parte, la muerte en mi cerebro.
La sangre se calienta, nos pudre tanto encierro.

Salimos a la vida, nos da el sol en la cara.
Nos mira el otoño, sonríe la mañana,
y gritan nuestras almas, se aburre la libido,
que grita desafiante. La vida es un suspiro.

Me mira con sus joyas, sus soles son dos ojos.
Me entrego a su persona, de todo me despojo.
Y quiero, debo, temo, espero, desespero.
Latente, expectante, idiota, pasajero.

Te veo, ya te pierdo, te pienso ya te gano.
Te miro me derrito, te tomo de la mano.
Te sigo, me avalanzo, te huelo y me desvelo,
te agarro desde el cuello, te beso en el hoyuelo.

Te cuento, me despido, saludo, vuelvo al ruedo.
Es todo más difícil, la Luna hace su juego.
Sos libre, somos tantos,
soy libre, somos fuego.

lunes, 31 de agosto de 2015

Niño

Niño. Pequeño intruso.
Boca grande, piernas flacas
y tu cuerpo dibujado con gotitas en la espalda.
Shortcitos azules, culito ceñido,
y en los hombros toalla ajena blanca.

Jugamos a las formas aferrados a la risa.
Cuarto, habitación, pieza, juego...
Impulsos, tu generación te lleva...
Adrenalina perra, temor a ojos ajenos.
Sabores y texturas de lo bueno.

Niño pícaro, frescura gatuna,
ojos de pez, laguna, soldadito.
Volver al ruedo, volver al juego,
recuerdos feos, dolores lindos.
Subido a tu pedestal, sos un pendejo de cinco.

jueves, 18 de junio de 2015

Carta

                                       Hace varios meses atrás...    

Querida:

Siempre se hizo difícil escribir esta carta por el hecho de que los sentimientos pueden usarte de títere. Es una cosa increíble; cómo te frena el miedo, cómo te aplasta la tristeza, cómo te oprime la culpa. Sentimientos que a veces no sabés por qué aparecen.
El tiempo que pasamos juntos fue explosivo. Viví experiencias hermosas, chamánicas, fuertes. Cosas que nunca en mi vida había sentido.
No se bien, no se si no lo recuerdo, cómo fue que de a poco me fui perdiendo. Es raro, porque me sentí lejos pero siempre estaba cerca.
Una noche soñé con ese sueño que tuve aquella noche despierto, esa vez que estábamos en la casa de tu hermana, el día que cocinamos cosas ricas y fuimos a la plaza y la terraza y el cielo parecía que se caía. Esa noche que soñé con esa noche me sentí más cerca.
Nunca podía terminar esta carta. Nunca le encontraba un final, nunca le encontraba un sentido. Siempre le encontraba un porque, un no, una negación, un sentimiento negativo en cuanto a cómo lo recibirías.
Justo hoy en el momento en que empecé a querer terminar esta carta apareciste, físicamente, en el piso de la oficina. Las conexiones extrañas o las casualidades, quién sabe.
Me enteré de cosas por las cuales me hubiera gustado abrazarte, pero por considerar que me enteré tarde, me sentí en falta y me escondí aún un poco más.
Sólo quería decirte gracias por todo lo que ofreciste, por fundirte junto a mi. Por entregarte y por confiar. La vida es hermosa, compartir es gratificante. Aprender es mágico.
Hundirse en el mar es único.     

lunes, 27 de abril de 2015

Matloc (mitología)

Matloc, la deidad heredera del gran creador Shanoteliec, había sido dotado con los poderes de su padre, entre ellos el de crear nuevos dioses. Pero también había sido alcanzado con el don (o la maldición) de la moral o aexetire.
Hasta ese momento sólo existían el Universo espacial y todo el polvo cósmico que formaban estrellas y otros cuerpos, denominado en su conjunto Taedrex.
Algunas deidades análogas a Matloc eran Venierak, Jusilekiec, Plauteni, entre otros, que podían considerarse parientes entre ellos. Matloc era el favorito de Shantoliec y el único considerado como hijo por él mismo.
Transcurría el primer génesis de Taedrex y Matloc sentía un gran vacío en esa etapa de la historia de la creación; estaba solo. Sentía que el infinito cosmos era desierto, que no tenía sentido su existir.
Shantoliec entonces lo citó en la Urbe de Xedrón, donde residían brujos celestiales y mahalas; lo rociaron con el aceite del Eros, que tenía la propiedad (o el defecto) de hacer al individuo portador del sentimiento del amor. Y no sólo eso; Shantoliec también creó tres deidades femeninas para que  Matloc no penara por su soledad eterna; Lunne, Eteara y Sunau.(Luna, Tierra y Sol según algunos teólogos, aunque no se necesita tanto análisis para darse cuenta de eso)
Si Venierak hubiera sido agasajado con esas tres deidades, no hubiera tenido el problema de Matloc.
Matloc era racional y poseía moral.
Lunne era pequeña y peligrosamente hermosa, razón por la cual las demás deidades se disputaban poseerla, conquistarla como quien domina a una bestia, o planta una bandera en un terreno. Matloc deseaba a Lunne de una forma orgánica y pasional. Lunne amó a Matloc y Matloc amó a Lunne.
Eteara deseaba a Matloc por su porte de deidad guerrera y sus atributos poéticos. Quería engendrar con él y dominar a los demás dioses. Sabiendo de la belleza felina de Lunne y de sus intenciones eróticas, regaló a Matloc unas criaturas voladoras que ella había creado y las llamó ptiraexe (aves). Le ofrendó unas guirnaldas hechas de estrellas y unas criaturas casi inanimadas llamadas flores. Matloc se cautivó. La amó. Eteara amó a Matloc y Matloc amó a Eteara.
Sunau era la más cálida de las tres diosas. Temperamento fogoso y fuerza maternal. Encontró en Matloc su mirada. Y en su mirada su alma...y en su alma se vio reflejada su propia alma, lo cual construyó un lazo que era inquebrantable. Como un juramento eterno, tácito e involuntario.
Tuvieron un viaje astral juntos, una concatenación de libido y amor. Sunau era su alma gemela y su protectora. Sunau amó a Matloc y Matloc amó a Sunau.
Matloc amaba a las tres pero a una mas que a las otras dos, y de diferentes formas. Y decidió entregarse a Eteara por sus ofrendas y por su tamaño. Lunne era muy pequeña y Sunau era enorme.
Se celebró una boda entre Matloc y Eteara donde acudieron todas las deidades originales.
Matloc pasaba los días pensando en el amor a las otras dos deidades, y sin ánimos de lastimar a ninguna, se dio muerte en una nebulosa.
La sangre de dios de Matloc cubrió parte del infinito espacio donde su padre, Dios creador y que todo lo sabe, lloró su muerte y formó una galaxia. Por haber conocido la cobardía castigó a su hijo Matloc convirtiéndolo en el primer mortal. A Eteara la convirtió en una esfera celeste dónde aves y flores reinaban.
A Lunne la convirtió en una pequeña esfera satélite de Eteara que sólo aparecería en ciertas partes del tiempo a atormentar a Matloc con su belleza y a hacerle entender que siempre era demasiado temprano o demasiado tarde.
Lunne giraba irremediablemente en torno a Eteara, y ésta giraba junto a las demás deidades parientes de Matloc alrededor de una bola de fuego incandescente, gigante y lumínica, dadora de vida. Era Sunau.
Matloc vivió solo en esos terrenos paradisíacos, alimentándose de los frutos y bebiendo agua. Y claro contemplando la belleza y la luz de Sunau, a la que extrañamente Matloc amaba sin saber por qué. Quizás en los resabios de ese amor divino, el ahora humano comprendía cual era, quizás, su elección correcta.

El sillón de la casa de la abuela en el que pasaba horas jugando en esos hermosos días de infancia.

Una pequeña tapita en el futón, color rosa, la tapita. Metida por esa rendija oscura del cuero, color marrón, el cuero. Escondiéndose delicadamente por el agujero y buscando ese mundo de cosas perdidas, ese mundo de monedas y pelusas, de restos de comida, de restos. La tapita rosa ya había entrado sigilosa por los plieges brillosos al oscuro. Ya era parte del futón.
Desde los cinco años que quería escribir esto.

Texto sin sentido ni nada


Humedad 76%. Primavera en el subte ramal D que iba perdiendo espacio en los vagones a medida que avanzaba desde Congreso de Tucumán hacia Catedral.
En estación Juramento subieron un guitarrista y un cantante que interpretaron dos tangos; uno de Eladia  Blázquez y otro de Cacho Castaña. /
Todo el vergel de ideas e inspiración nació por una chica que se dormía encima del hombro de un hombre, por lo que éste texto iba a llamarse ‘’la que se dormía’’. Pero tras tantas tareas con las que me ocupé en estas últimas semanas (semanas que forman unos cuantos meses) no pude continuar el texto y mi memoria olvidó por completo el disparador de este texto con título y sin contenido.
Realmente no me acuerdo ni del guitarrista ni del cantante. Sólo intuyo que el tango de Cacho Castaña que interpretaron fue ‘Garganta con arena’ porque en éste último tiempo tuve ese tema revoloteando por la cabeza.
Este olvido, esta distracción, la falta de. Todo eso refleja quizás el desorden al que le huyo.
Una hermana mía me recomienda siempre el psicoanálisis.
Ayer fue un domingo raro. Pasé por muchísimos estados de ánimo.
Hoy es lunes.

Pequeños transtornos diarios



Me encanta, cuando camino, imaginar que las personas son vehículos.
Yo siempre me figuro ser un auto azul o del color de camisa que tenga.
Las personas altas o anchas son camiones, camionetas o rodados pesados.
Los más jóvenes son modelos nuevos, los más viejos son modelos antiguos.
Y así con toda la creación del tráfico humano y las carreteras que son las veredas, o las calles, o los lugares donde estemos caminando.
En el interior de mi cabeza hago el ruido de mi motor, las frenadas, los cambios de marcha. Todo está perfectamente aceitado.
Trato de mantener distancia de los demás vehículos y cuando voy a doblar abro y cierro mi puño para el lado del giro.
Cuando los automóviles que pasan por la calle aparecen en mi registro visual tiran todo mi mundo de personas vehículo a la basura. Nos vuelven a hacer hombres y mujeres. Nos condenan a ese lugar de humano, de lentitud, de piel, sangre, células y muerte.

martes, 7 de octubre de 2014

A.D.A.



Ada es una persona chiquita, física y teatralmente. Eso puede deberse al hecho de que contiene cosas en su interior, que si las escupiese podrían hacerla crecer.
Ada es una mujer que tiene pelo espeso, negro, agolpado de rulos que alguna vez, dicen, fue una cascada lacia hasta la comisura de sus nalgas quinceañeras.
Ada tiene ojos. Dos. Son de un color verde hoja de palta, pero con un brillo celeste que no se distingue a simple vista, con algunas manchas de madera, y aureolas doradas tirando a amarillo que le permiten decir que tiene una mirada hermosa. Sin embargo,  los ojos de Ada son tristes si uno se fija detalladamente en uno de los lados de la pupila, cuando ella se relaja y deja mirarse, cuando se hace transparente en algún descuido.
Ada tiene nariz prominente, piel de diabético, como me gusta decirle cariñosamente por su calor, su tonalidad rosa, su textura y su aroma, y un vaporcito imperceptible que emana al tenerla cerca. Pero en realidad no sé cómo es la piel de diabético; sólo lo digo porque de niño decidí decirle así a la piel de Ada, y quedó asentado.
Ada es terca y comprensiva, simpática y testaruda, es confiable y no tanto, es sensible, muy sensible, hermosamente sensible. Es un poco como nosotros.
Ada es chiquita y es enorme. Hermosamente enorme.
La historia que voy a contar se desencadena en el momento en que Ada decidió liberarse, hacerse grande, confiar, y en mi caso, me permitió atar algunos cabos que pululaban en mi psiquis. 
Primera parte
Ada y yo estábamos mirando la tele de la cocina. La cocina tiene las paredes recién pintadas, pero la humedad hizo que enseguida se descascarara porque es muy puta la humedad y el gastadero de plata que eso implica, y toda la bola.
La televisión es un aparato grande, de 73,66 centímetros más o menos desde un vértice de la pantalla al opuesto, en diagonal, por dentro. La misma medida con los otros dos vértices opuestos. La televisión es gris con un marco negro sobre la pantalla y algunos orificios por donde sale el sonido.
Hay en la cocina un ventanal con vidrio esmerilado, aunque no estoy seguro de que sea esmerilado, pero lo llamo así. Es similar al caso de lo de la piel de diabético en cuanto al simbolismo.
El ventanal es amplio y unas cortinas nuevas y violetas se pueden correr en la totalidad de la amplitud del ventanal, y así cumplir el cometido de cualquier cortina violeta, que todos sabemos cuál es.
También hay otra entrada de aire y luz que es una puerta metálica pero dócil, armónica, poco ruidosa, noble como una puerta de madera. La puerta tiene dos vidrios esmerilados, es decir, del mismo tipo del de las ventanas, pero el de abajo está roto por una piña.
La mesa y las sillas estaban quietas, la televisión estaba prendida. La ventana de vidrio esmerilado estaba abierta y las cortinas violetas también. La puerta estaba abierta para que entre aire, pero ese no era el problema.
 Estábamos Ada y yo sentados en la mesa y le comenté que el reflejo de la puerta daba justo en la pantalla desde el lugar en el que yo estaba sentado. Cerramos las cortinas violetas y el reflejo seguía. Cerramos la puerta y el reflejo seguía. Pregunté de dónde venía esa luz a Ada. Me contestó sinceramente que venía del sol y me enojé demasiado porque odio las respuestas estúpidas. Ahora que estoy leyendo lo que escribo comprendo que el enojo fue más que exagerado. Me duele el pecho por una especie de culpa, angustia, o algo así.
Entonces surgió una pelea con gritos de colores, golpes de mesa y lágrimas. Mucho sentimiento la pelea, así que la calificación sería BUENA.
Segunda parte
Entonces Ada con sus ojos inflamados de sentimientos puros pero ingratos, y yo con Ada entre los brazos, como un pajarito de plumitas claras y algunas hitas de melodramatismo, nos adentramos en un terreno poco conocido por nosotros. La calma. La calma que antecede a un gran temporal es distinta a la calma que sucede a un gran temporal. Sólo eso, para que se sepa bien la diferencia. Ada y yo reflexionamos sobre la relación que tenemos, sobre metáforas clásicas que compartíamos desde hace años y prometimos cosas que no creo que se puedan cumplir, pero aunque sea intentaremos. Por ejemplo, ser más pacientes. Y hubo un punto de inflexión...
Tercera parte
Pasó un Dassault Mirage 5, que es un avión de ataque supersónico diseñado por Dassault Aviation en Francia durante la década de 1960.
Cuarta parte
La cuarta parte es la última de este texto, es decir, la clausura. Pero paradójicamente se la llamó la apertura. Dato.
 Ada dijo "no te imaginás lo que fue sentirla siete meses dentro mío, moviéndose, pateando, como te movías vos, como pateabas vos. Y el día del parto fue el día del funeral. Me la sacaron, siento que me la sacaron, hecho culpas a fuerzas oscuras.
Yo tenía una vida dentro. A las horas tenía vendas en el vientre, dolor, angustia, furia, impotencia. Aldana Rocío no fue...se la llevó Dios. Es un angelito de Dios."
Y así llegamos a la conclusión de que puede ser que yo odie a eso que ella llama Dios desde esa vez. Y que quizás la poca paciencia, y todas esas cosas, quizás... desde ese momento...quién sabe...

Quinta parte
En cuanto a todo lo que engloban estos hilos, esta relación de madre e hijo; no creo que ninguna madre ni ningún hijo se amen de la forma en que nosotros nos amamos. Y pienso que muchas personas deben pensar lo mismo de ellas y sus madres o hijos.