Matloc, la deidad heredera del gran creador Shanoteliec, había sido dotado con los poderes de su padre, entre ellos el de crear nuevos dioses. Pero también había sido alcanzado con el don (o la maldición) de la moral o aexetire.
Hasta ese momento sólo existían el Universo espacial y todo el polvo cósmico que formaban estrellas y otros cuerpos, denominado en su conjunto Taedrex.
Algunas deidades análogas a Matloc eran Venierak, Jusilekiec, Plauteni, entre otros, que podían considerarse parientes entre ellos. Matloc era el favorito de Shantoliec y el único considerado como hijo por él mismo.
Transcurría el primer génesis de Taedrex y Matloc sentía un gran vacío en esa etapa de la historia de la creación; estaba solo. Sentía que el infinito cosmos era desierto, que no tenía sentido su existir.
Shantoliec entonces lo citó en la Urbe de Xedrón, donde residían brujos celestiales y mahalas; lo rociaron con el aceite del Eros, que tenía la propiedad (o el defecto) de hacer al individuo portador del sentimiento del amor. Y no sólo eso; Shantoliec también creó tres deidades femeninas para que Matloc no penara por su soledad eterna; Lunne, Eteara y Sunau.(Luna, Tierra y Sol según algunos teólogos, aunque no se necesita tanto análisis para darse cuenta de eso)
Si Venierak hubiera sido agasajado con esas tres deidades, no hubiera tenido el problema de Matloc.
Matloc era racional y poseía moral.
Lunne era pequeña y peligrosamente hermosa, razón por la cual las demás deidades se disputaban poseerla, conquistarla como quien domina a una bestia, o planta una bandera en un terreno. Matloc deseaba a Lunne de una forma orgánica y pasional. Lunne amó a Matloc y Matloc amó a Lunne.
Eteara deseaba a Matloc por su porte de deidad guerrera y sus atributos poéticos. Quería engendrar con él y dominar a los demás dioses. Sabiendo de la belleza felina de Lunne y de sus intenciones eróticas, regaló a Matloc unas criaturas voladoras que ella había creado y las llamó ptiraexe (aves). Le ofrendó unas guirnaldas hechas de estrellas y unas criaturas casi inanimadas llamadas flores. Matloc se cautivó. La amó. Eteara amó a Matloc y Matloc amó a Eteara.
Sunau era la más cálida de las tres diosas. Temperamento fogoso y fuerza maternal. Encontró en Matloc su mirada. Y en su mirada su alma...y en su alma se vio reflejada su propia alma, lo cual construyó un lazo que era inquebrantable. Como un juramento eterno, tácito e involuntario.
Tuvieron un viaje astral juntos, una concatenación de libido y amor. Sunau era su alma gemela y su protectora. Sunau amó a Matloc y Matloc amó a Sunau.
Matloc amaba a las tres pero a una mas que a las otras dos, y de diferentes formas. Y decidió entregarse a Eteara por sus ofrendas y por su tamaño. Lunne era muy pequeña y Sunau era enorme.
Se celebró una boda entre Matloc y Eteara donde acudieron todas las deidades originales.
Matloc pasaba los días pensando en el amor a las otras dos deidades, y sin ánimos de lastimar a ninguna, se dio muerte en una nebulosa.
La sangre de dios de Matloc cubrió parte del infinito espacio donde su padre, Dios creador y que todo lo sabe, lloró su muerte y formó una galaxia. Por haber conocido la cobardía castigó a su hijo Matloc convirtiéndolo en el primer mortal. A Eteara la convirtió en una esfera celeste dónde aves y flores reinaban.
A Lunne la convirtió en una pequeña esfera satélite de Eteara que sólo aparecería en ciertas partes del tiempo a atormentar a Matloc con su belleza y a hacerle entender que siempre era demasiado temprano o demasiado tarde.
Lunne giraba irremediablemente en torno a Eteara, y ésta giraba junto a las demás deidades parientes de Matloc alrededor de una bola de fuego incandescente, gigante y lumínica, dadora de vida. Era Sunau.
Matloc vivió solo en esos terrenos paradisíacos, alimentándose de los frutos y bebiendo agua. Y claro contemplando la belleza y la luz de Sunau, a la que extrañamente Matloc amaba sin saber por qué. Quizás en los resabios de ese amor divino, el ahora humano comprendía cual era, quizás, su elección correcta.
para una comprensión cómoda empiece desde los escritos mas antiguos. Para una vertiginosa lectura léalo como se le plazca.
lunes, 27 de abril de 2015
El sillón de la casa de la abuela en el que pasaba horas jugando en esos hermosos días de infancia.
Una pequeña tapita en el futón, color rosa, la tapita. Metida por esa rendija oscura del cuero, color marrón, el cuero. Escondiéndose delicadamente por el agujero y buscando ese mundo de cosas perdidas, ese mundo de monedas y pelusas, de restos de comida, de restos. La tapita rosa ya había entrado sigilosa por los plieges brillosos al oscuro. Ya era parte del futón.
Desde los cinco años que quería escribir esto.
Desde los cinco años que quería escribir esto.
Texto sin sentido ni nada
Humedad 76%. Primavera en el subte ramal D que iba perdiendo espacio en los vagones a medida que avanzaba desde Congreso de Tucumán hacia Catedral.
En estación Juramento subieron un guitarrista y un cantante que interpretaron dos tangos; uno de Eladia Blázquez y otro de Cacho Castaña. /
Todo el vergel de ideas e inspiración nació por una chica que se dormía encima del hombro de un hombre, por lo que éste texto iba a llamarse ‘’la que se dormía’’. Pero tras tantas tareas con las que me ocupé en estas últimas semanas (semanas que forman unos cuantos meses) no pude continuar el texto y mi memoria olvidó por completo el disparador de este texto con título y sin contenido.
Realmente no me acuerdo ni del guitarrista ni del cantante. Sólo intuyo que el tango de Cacho Castaña que interpretaron fue ‘Garganta con arena’ porque en éste último tiempo tuve ese tema revoloteando por la cabeza.
Este olvido, esta distracción, la falta de. Todo eso refleja quizás el desorden al que le huyo.
Una hermana mía me recomienda siempre el psicoanálisis.
Ayer fue un domingo raro. Pasé por muchísimos estados de ánimo.
Hoy es lunes.
Pequeños transtornos diarios
Me encanta, cuando camino, imaginar que las personas son vehículos.
Yo siempre me figuro ser un auto azul o del color de camisa que tenga.
Las personas altas o anchas son camiones, camionetas o rodados pesados.
Los más jóvenes son modelos nuevos, los más viejos son modelos antiguos.
Y así con toda la creación del tráfico humano y las carreteras que son las veredas, o las calles, o los lugares donde estemos caminando.
En el interior de mi cabeza hago el ruido de mi motor, las frenadas, los cambios de marcha. Todo está perfectamente aceitado.
Trato de mantener distancia de los demás vehículos y cuando voy a doblar abro y cierro mi puño para el lado del giro.
Cuando los automóviles que pasan por la calle aparecen en mi registro visual tiran todo mi mundo de personas vehículo a la basura. Nos vuelven a hacer hombres y mujeres. Nos condenan a ese lugar de humano, de lentitud, de piel, sangre, células y muerte.
Yo siempre me figuro ser un auto azul o del color de camisa que tenga.
Las personas altas o anchas son camiones, camionetas o rodados pesados.
Los más jóvenes son modelos nuevos, los más viejos son modelos antiguos.
Y así con toda la creación del tráfico humano y las carreteras que son las veredas, o las calles, o los lugares donde estemos caminando.
En el interior de mi cabeza hago el ruido de mi motor, las frenadas, los cambios de marcha. Todo está perfectamente aceitado.
Trato de mantener distancia de los demás vehículos y cuando voy a doblar abro y cierro mi puño para el lado del giro.
Cuando los automóviles que pasan por la calle aparecen en mi registro visual tiran todo mi mundo de personas vehículo a la basura. Nos vuelven a hacer hombres y mujeres. Nos condenan a ese lugar de humano, de lentitud, de piel, sangre, células y muerte.
martes, 7 de octubre de 2014
A.D.A.
Ada es una persona chiquita, física y
teatralmente. Eso puede deberse al hecho de que contiene cosas en su interior,
que si las escupiese podrían hacerla crecer.
Ada es una mujer que tiene pelo espeso, negro, agolpado de rulos que alguna vez, dicen, fue una cascada lacia hasta la comisura de sus nalgas quinceañeras.
Ada tiene ojos. Dos. Son de un color verde hoja de palta, pero con un brillo celeste que no se distingue a simple vista, con algunas manchas de madera, y aureolas doradas tirando a amarillo que le permiten decir que tiene una mirada hermosa. Sin embargo, los ojos de Ada son tristes si uno se fija detalladamente en uno de los lados de la pupila, cuando ella se relaja y deja mirarse, cuando se hace transparente en algún descuido.
Ada tiene nariz prominente, piel de diabético, como me gusta decirle cariñosamente por su calor, su tonalidad rosa, su textura y su aroma, y un vaporcito imperceptible que emana al tenerla cerca. Pero en realidad no sé cómo es la piel de diabético; sólo lo digo porque de niño decidí decirle así a la piel de Ada, y quedó asentado.
Ada es terca y comprensiva, simpática y testaruda, es confiable y no tanto, es sensible, muy sensible, hermosamente sensible. Es un poco como nosotros.
Ada es chiquita y es enorme. Hermosamente enorme.
La historia que voy a contar se desencadena en el momento en que Ada decidió liberarse, hacerse grande, confiar, y en mi caso, me permitió atar algunos cabos que pululaban en mi psiquis.
Ada es una mujer que tiene pelo espeso, negro, agolpado de rulos que alguna vez, dicen, fue una cascada lacia hasta la comisura de sus nalgas quinceañeras.
Ada tiene ojos. Dos. Son de un color verde hoja de palta, pero con un brillo celeste que no se distingue a simple vista, con algunas manchas de madera, y aureolas doradas tirando a amarillo que le permiten decir que tiene una mirada hermosa. Sin embargo, los ojos de Ada son tristes si uno se fija detalladamente en uno de los lados de la pupila, cuando ella se relaja y deja mirarse, cuando se hace transparente en algún descuido.
Ada tiene nariz prominente, piel de diabético, como me gusta decirle cariñosamente por su calor, su tonalidad rosa, su textura y su aroma, y un vaporcito imperceptible que emana al tenerla cerca. Pero en realidad no sé cómo es la piel de diabético; sólo lo digo porque de niño decidí decirle así a la piel de Ada, y quedó asentado.
Ada es terca y comprensiva, simpática y testaruda, es confiable y no tanto, es sensible, muy sensible, hermosamente sensible. Es un poco como nosotros.
Ada es chiquita y es enorme. Hermosamente enorme.
La historia que voy a contar se desencadena en el momento en que Ada decidió liberarse, hacerse grande, confiar, y en mi caso, me permitió atar algunos cabos que pululaban en mi psiquis.
Primera
parte
Ada y yo estábamos mirando la tele de la cocina. La cocina tiene las paredes recién pintadas, pero la humedad hizo que enseguida se descascarara porque es muy puta la humedad y el gastadero de plata que eso implica, y toda la bola.
La televisión es un aparato grande, de 73,66 centímetros más o menos desde un vértice de la pantalla al opuesto, en diagonal, por dentro. La misma medida con los otros dos vértices opuestos. La televisión es gris con un marco negro sobre la pantalla y algunos orificios por donde sale el sonido.
Hay en la cocina un ventanal con vidrio esmerilado, aunque no estoy seguro de que sea esmerilado, pero lo llamo así. Es similar al caso de lo de la piel de diabético en cuanto al simbolismo.
El ventanal es amplio y unas cortinas nuevas y violetas se pueden correr en la totalidad de la amplitud del ventanal, y así cumplir el cometido de cualquier cortina violeta, que todos sabemos cuál es.
También hay otra entrada de aire y luz que es una puerta metálica pero dócil, armónica, poco ruidosa, noble como una puerta de madera. La puerta tiene dos vidrios esmerilados, es decir, del mismo tipo del de las ventanas, pero el de abajo está roto por una piña.
La mesa y las sillas estaban quietas, la televisión estaba prendida. La ventana de vidrio esmerilado estaba abierta y las cortinas violetas también. La puerta estaba abierta para que entre aire, pero ese no era el problema.
Estábamos Ada y yo sentados en la mesa y le comenté que el reflejo de la puerta daba justo en la pantalla desde el lugar en el que yo estaba sentado. Cerramos las cortinas violetas y el reflejo seguía. Cerramos la puerta y el reflejo seguía. Pregunté de dónde venía esa luz a Ada. Me contestó sinceramente que venía del sol y me enojé demasiado porque odio las respuestas estúpidas. Ahora que estoy leyendo lo que escribo comprendo que el enojo fue más que exagerado. Me duele el pecho por una especie de culpa, angustia, o algo así.
Entonces surgió una pelea con gritos de colores, golpes de mesa y lágrimas. Mucho sentimiento la pelea, así que la calificación sería BUENA.
Segunda parte
Entonces Ada con sus ojos inflamados de sentimientos puros pero ingratos, y yo con Ada entre los brazos, como un pajarito de plumitas claras y algunas hitas de melodramatismo, nos adentramos en un terreno poco conocido por nosotros. La calma. La calma que antecede a un gran temporal es distinta a la calma que sucede a un gran temporal. Sólo eso, para que se sepa bien la diferencia. Ada y yo reflexionamos sobre la relación que tenemos, sobre metáforas clásicas que compartíamos desde hace años y prometimos cosas que no creo que se puedan cumplir, pero aunque sea intentaremos. Por ejemplo, ser más pacientes. Y hubo un punto de inflexión...
Tercera parte
Pasó un Dassault Mirage 5, que es un avión de ataque supersónico diseñado por Dassault Aviation en Francia durante la década de 1960.
Cuarta parte
La cuarta parte es la última de este texto, es decir, la clausura. Pero paradójicamente se la llamó la apertura. Dato.
Ada dijo "no te imaginás lo que fue sentirla siete meses dentro mío, moviéndose, pateando, como te movías vos, como pateabas vos. Y el día del parto fue el día del funeral. Me la sacaron, siento que me la sacaron, hecho culpas a fuerzas oscuras.
Yo tenía una vida dentro. A las horas tenía vendas en el vientre, dolor, angustia, furia, impotencia. Aldana Rocío no fue...se la llevó Dios. Es un angelito de Dios."
Y así llegamos a la conclusión de que puede ser que yo odie a eso que ella llama Dios desde esa vez. Y que quizás la poca paciencia, y todas esas cosas, quizás... desde ese momento...quién sabe...
Quinta parte
En cuanto a todo lo que engloban estos hilos, esta relación de madre e hijo; no creo que ninguna madre ni ningún hijo se amen de la forma en que nosotros nos amamos. Y pienso que muchas personas deben pensar lo mismo de ellas y sus madres o hijos.
Ada y yo estábamos mirando la tele de la cocina. La cocina tiene las paredes recién pintadas, pero la humedad hizo que enseguida se descascarara porque es muy puta la humedad y el gastadero de plata que eso implica, y toda la bola.
La televisión es un aparato grande, de 73,66 centímetros más o menos desde un vértice de la pantalla al opuesto, en diagonal, por dentro. La misma medida con los otros dos vértices opuestos. La televisión es gris con un marco negro sobre la pantalla y algunos orificios por donde sale el sonido.
Hay en la cocina un ventanal con vidrio esmerilado, aunque no estoy seguro de que sea esmerilado, pero lo llamo así. Es similar al caso de lo de la piel de diabético en cuanto al simbolismo.
El ventanal es amplio y unas cortinas nuevas y violetas se pueden correr en la totalidad de la amplitud del ventanal, y así cumplir el cometido de cualquier cortina violeta, que todos sabemos cuál es.
También hay otra entrada de aire y luz que es una puerta metálica pero dócil, armónica, poco ruidosa, noble como una puerta de madera. La puerta tiene dos vidrios esmerilados, es decir, del mismo tipo del de las ventanas, pero el de abajo está roto por una piña.
La mesa y las sillas estaban quietas, la televisión estaba prendida. La ventana de vidrio esmerilado estaba abierta y las cortinas violetas también. La puerta estaba abierta para que entre aire, pero ese no era el problema.
Estábamos Ada y yo sentados en la mesa y le comenté que el reflejo de la puerta daba justo en la pantalla desde el lugar en el que yo estaba sentado. Cerramos las cortinas violetas y el reflejo seguía. Cerramos la puerta y el reflejo seguía. Pregunté de dónde venía esa luz a Ada. Me contestó sinceramente que venía del sol y me enojé demasiado porque odio las respuestas estúpidas. Ahora que estoy leyendo lo que escribo comprendo que el enojo fue más que exagerado. Me duele el pecho por una especie de culpa, angustia, o algo así.
Entonces surgió una pelea con gritos de colores, golpes de mesa y lágrimas. Mucho sentimiento la pelea, así que la calificación sería BUENA.
Segunda parte
Entonces Ada con sus ojos inflamados de sentimientos puros pero ingratos, y yo con Ada entre los brazos, como un pajarito de plumitas claras y algunas hitas de melodramatismo, nos adentramos en un terreno poco conocido por nosotros. La calma. La calma que antecede a un gran temporal es distinta a la calma que sucede a un gran temporal. Sólo eso, para que se sepa bien la diferencia. Ada y yo reflexionamos sobre la relación que tenemos, sobre metáforas clásicas que compartíamos desde hace años y prometimos cosas que no creo que se puedan cumplir, pero aunque sea intentaremos. Por ejemplo, ser más pacientes. Y hubo un punto de inflexión...
Tercera parte
Pasó un Dassault Mirage 5, que es un avión de ataque supersónico diseñado por Dassault Aviation en Francia durante la década de 1960.
Cuarta parte
La cuarta parte es la última de este texto, es decir, la clausura. Pero paradójicamente se la llamó la apertura. Dato.
Ada dijo "no te imaginás lo que fue sentirla siete meses dentro mío, moviéndose, pateando, como te movías vos, como pateabas vos. Y el día del parto fue el día del funeral. Me la sacaron, siento que me la sacaron, hecho culpas a fuerzas oscuras.
Yo tenía una vida dentro. A las horas tenía vendas en el vientre, dolor, angustia, furia, impotencia. Aldana Rocío no fue...se la llevó Dios. Es un angelito de Dios."
Y así llegamos a la conclusión de que puede ser que yo odie a eso que ella llama Dios desde esa vez. Y que quizás la poca paciencia, y todas esas cosas, quizás... desde ese momento...quién sabe...
Quinta parte
En cuanto a todo lo que engloban estos hilos, esta relación de madre e hijo; no creo que ninguna madre ni ningún hijo se amen de la forma en que nosotros nos amamos. Y pienso que muchas personas deben pensar lo mismo de ellas y sus madres o hijos.
Exaltaciones
En fin. Era decirte cuánto amor te tengo mas allá de
toda debilidad sexual que pueda sentir por vos, una impecable y
destructiva tensión libidinosa que se traduce en tu piel. Porque tenés
una piel suave y diurna. Blanda, cómoda como un rayito de sol entre las
hojas. Por si no lo sabías.
Pero es tarde, y es pronto. Quería decirte que te quiero. Que me fume un
cigarrillo de marihuana y dos de tabaco. Que me fui a bañar y mientras
el agua se deslizaba femeninamente en mi cuerpo, yo te pensaba. Como en
toda la mañana, y los días anteriores, y la noche, y cuando me sonreís
de frente con la mirada, como cuando leí ese capítulo 47 de rayuela al
azar de dedo, y cuando me fumé los 3 cigarros.
Es lamentable el entorno en el cual escribo esto, tan estúpidamente
prohibido y culposo. Moralmente, digo.
Simplemente eso, redundar en que te quiero y que es tarde, o es pronto.
jueves, 14 de agosto de 2014
estancia en delta
El río gana terreno. No se bien a que factor geoclimático se deberá ese fenómeno, pero el río ganaba terreno.
El río como entedidad viva, como deidad prosaica para los turistas de Nikon en mano, se adentraba en el dominio terrenal ganando ese algo, esa porción de tierra que de alguna mítica manera le pertenece. Por ser parte de un planeta llamado Tierra que debería llamarse Agua.
El río sigue avanzando ,con una violencia pacífica, imperceptible al ojo de los viajantes q mientras todo sucede, duermen plácidamente en un king size con edredón de plumas de pato.
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