para una comprensión cómoda empiece desde los escritos mas antiguos. Para una vertiginosa lectura léalo como se le plazca.
viernes, 29 de junio de 2012
ganas de eso
Su habilidad era tan solo desaparecer en el momento justo, y aparecer en el tiempo indicado. Era hÁbil, sutil y un tanto impetuosa. Astor amaba el ímpetu, casi tanto como sus ratos de ocio.
Se metió a la tina, cerró los ojos y se dejó estar. La sensación de vuelo era placentera. Pensó en los errores pero no reparó en quejas. Ese día fue hecho para disfrutar. La tibieza del agua entre sus dedos del pie ya arrugados y el aire viciado por el vapor sólo lo retenían más y más. La gana por estudiar llegó. Desaparecía en el momento justo, y aparecía en el tiempo indicado...
día malo
Astor había tenido uno de esos días de los que hace mucho no tenía. Su celular movil se le despedazó en el suelo apenas se levantó. Todo desconfigurado (y todo) lo armó pieza por pieza. Hasta el chip se le salió. Llamó a la oficina y dijo que trabajaría desde su casa. Citó a una de las bailarinas para la tarde. Mientras desayunaba una sopa vieja, el apagón fue inminente. Todo el barrio sin luz artificial por dos horas. La bailarina tuvo que subir las escaleras de los 10 pisos junto con Astor que bajó a abrirle. Maldita electricidad! Se sentía apurado, ansioso; no sabía que le pasaba! La muchacha obvió el inconveniente energético y la entrevista terminó entre risas. Le mostró el balcón. Astor tenía hoy un vértigo terrible. El mas terrible de toda su vida. Tenía deseos de caer desde el décimo hasta ese cielo gris de concreto que dibujaba el pavimento. La luz volvió y con ella la música. Se sentía loco. Temblaba. Convulsionaba en pequeños zacudones. Parecía desintonizado... Despues de caminar por los techos y de nadar cuerpo a tierra por el parquet decidió llamar a su secretaria. La hora de su ordenador no coincidía con la de su teléfono móvil. Cuando la duda fue despejada Astor sintió un alivio tremendo. El vértigo desapareció por completo. Había vivido todo este día con una hora de anticipación...
miércoles, 27 de junio de 2012
Estratega por compromiso
El
estratega piensa cada movimiento, una y otra vez. Como el ajedrecista, como el
comandante, como el atleta. No se deja llevar ni por la intuición ni por los
estúpidos sentimientos. La cabeza juega su propio juego y con eso alcanza. El
hombre es sabio hasta que no piensa. El hombre es hombre hasta que no piensa.
Animal no quiere ser el estratega. Se siente superior; ama lo racional de su
ser. Se ama en el más profundo pensamiento (no sentimiento). Acúsenlo de frío,
de insensible. Juro que se sentirá orgulloso. No es egoísmo, porque es su
esencia. Sabe que el pensar en su beneficio es el fin absoluto y por eso no se
siente egoísta, porque serlo es lo único viable en la vida; no debería haber más
opciones. Lengua al costado, mirada fija en el objetivo, pero en el imaginario
toda la jugada resuelta. Los mil y un caminos de llegar al fin. Los objetivos
resueltos, listos para poder ser llevados a cabo. Y el estratega no se enamora
ni muchísimo menos de la secretaria bajo perfil. Ella lo limita a ser
estratega. Ella lo hace estratega.
viernes, 22 de junio de 2012
Cabildo y Militar
Si me disponía a encontrar la dirección en Capital se me iba a ser imposible; no era ni Nuñez ni Belgrano. Esas coordenadas se movían, era una persona, alguien era ''Cabildo y Militar''. Se me hacía imposible no recordar a Jaime Ross y ''Durazno y Convención''. Una vez la encontré por Ciudadela, como para que se dé cuenta de la capacidad nómade de esta alma. No se si era errante o simplemente bohemia, pero se la podía encontrar por cualquier lado. Es más! No era de nuestro país siquiera, pero era muy cercana. Lo primero que me llamó la atención sobre por encima de todos los otros rostros pálidos (ante el encuentro con lo desconocido) fue su sonrisa. La mirada era fuerte y provocativa hacia todos y todas por igual. Lo tercero que me atrajo (lo segundo no interesa contarlo) fue su actitud aparentemente pasional, y eso en una persona es magnético. No se puede vivir sin pasión. La vida es pasión, la pasión es vida. A veces me atrevo a decir que el sentido de la vida es sentir pasión.
El día que tuve la oportunidad de bailar con ella estábamos desnudos casi de casualidad. El tango sonaba con intensidad pero en un volúmen leve, respetuoso, hasta que empezó a irrumpir el bandoneón con un aire imponente (y grosero) y aullando hasta llegar al orgasmo auditivo. Cada movimiento nuestro estaba fundido en cada acorde. Eramos dos almas en pena y alegres. Tan espontánea la pieza de baile, tan inesperada como erótica. La oscuridad empezó a bajar sobre nuestros hombros, nos empujaba hacia abajo con la fuerza de un toro. Moríamos de pie, casi de cuclillas, pero abrazados. Estábamos cofraternizados, fusionados en ese abrazo eterno, en esa seguridad que nacía de repente en cada paso, en cada compás, que era nuestro.
Ninguno de los dos atinábamos a abrir los ojos, intentábamos mirarnos con el alma. El pecho de ella rozaba el mío y nuestras respiraciones formaban una sola atmósfera, espesa, sofocante. El peso de lo efímero, el peso de lo desconocido.
El día que tuve la oportunidad de bailar con ella estábamos desnudos casi de casualidad. El tango sonaba con intensidad pero en un volúmen leve, respetuoso, hasta que empezó a irrumpir el bandoneón con un aire imponente (y grosero) y aullando hasta llegar al orgasmo auditivo. Cada movimiento nuestro estaba fundido en cada acorde. Eramos dos almas en pena y alegres. Tan espontánea la pieza de baile, tan inesperada como erótica. La oscuridad empezó a bajar sobre nuestros hombros, nos empujaba hacia abajo con la fuerza de un toro. Moríamos de pie, casi de cuclillas, pero abrazados. Estábamos cofraternizados, fusionados en ese abrazo eterno, en esa seguridad que nacía de repente en cada paso, en cada compás, que era nuestro.
Ninguno de los dos atinábamos a abrir los ojos, intentábamos mirarnos con el alma. El pecho de ella rozaba el mío y nuestras respiraciones formaban una sola atmósfera, espesa, sofocante. El peso de lo efímero, el peso de lo desconocido.
martes, 19 de junio de 2012
Problema de altura
Klaus tenía varias cosas en la cabeza y un inventario de raras manías, tics nerviosos, trastornos, extrañas preferencias, fobias y ocurrencias. Todas esas cosas que forman a una persona en lo mental/psíquico lo llamo ''Pre-esencia''. Es una pizca de una persona completa; se complementa con la ''personalidad'', la ''experiencia empírica'', la ''razón'', la ''energía'' y los ''sentimientos''.
Es un loco ese Klaus; me contaba en un bar de la Calle Pueyrredón, café de por medio, de su gran aversión a los ''lungos''. 'Me molesta la gente alta, chabón!' Ya tenía confianza conmigo, y a mi me encantaba estudiarle los movimientos, gestos y siempre me inspiraba algún escrito o canción. Era torpe y medio insoportable. Salía con cada ocurrencia!
'A los lungos? En que se basa tu teoría pre-esencial?' Le expliqué lo de pre-esencial y largó una tras otra las bases de su ideología 'anti-lunguística'.
Para pasar en limpio (no es que sus palabras sean sucias) lo expongo en forma de teoría, porque su relato es algo confuso y yo propinaba interrupciones cada dos por tres. Me voy a dar, mas tarde, el gusto de citar textualmente a Klaus, le da un tinte interesante y hogareño.
Se trata de una práctica totalmente honrada que lejos de discriminar intenta defender al no alto de la suerte genética que poseen las personas que superan los 1,85 metros. La teoría se entretiene demostrando falencias (ya sean reales o ficticias) completamente generalizadoras como odiosas de la gente de 'alta altura'.
'El subte estaba todo así apretado, viste? Parecemos ganado, parecemos. La verdad se viaja cada vez mas peor. Y cuando pasabamos por Agüero, y yo del lado de la puerta que abre en Plaza Italia, viste? Entonces sube el chabón, haciéndose el no se qué, subido a los zancos el gil. Soberbio en la mirada como mirándonos de un rascacielos. Tarado! No se qué me miraba el bobo. La debe tener chiquita, debe coger mal. Mucho alto al pedo, viste? Y son los peores. Caen más fácil. Entonces lo miré! Casi me da tortícolis pero lo miré. Encima rubiecito de pelito planchado, bronceadito, un gilastro, nene de mamá. Es obvio! Y lo que era de esperar se comió los mocos. Se bajó en la próxima! Del lado de mi puerta; lo bajé yo mas vale, mitad con la mirada y mitad con el empellón que le metí al perro miedosos ese. Ni mu me dijo, ni mu'
Klaus se sentía poderoso con su victoria sobre un Goliat bonachón que seguramente no se percató de su existencia. Pero el Pobre Klaus no medía ni un milímetro más que antes de subir en la estación Olleros.
El amor no correspondido de Klaus
Hola,
mi nombre es Klaus'. Fue la manera mas idiota en la que se me presentó
una persona en el subte. Me miraba con esos ojos azules de huevo,
penetrantes pero temerosos y esperando mi sonrisa de aceptación que
nunca llegó porque tenía un día de porquería (casi de mierda).
Granudo, en especial en la frente. Blanco teta y con las mejillas rosadas por el frío de Capital Federal a las 9 de la mañana de un Jueves cualquiera. Ni muy alto, ni tan bajo; de mi estatura mas o menos, pero con unos borcegos marrones espantosos y una riñonera llena de porquerías que lo único que le faltaba era un cartel de 'robame'. Iba ingenuo en su andar y no se por qué justo a mí se me presentó. Le habré generado algo; se sintió atraído por mi malhumor. Escondía las manos en un pullover verde llamativo y arrugaba un mapita del centro comercial. 'Hola, en que te puedo ayudar?' Por mas que me parecía desubicado en su accionar, pensé que tenía que ser amable con un extranjero. Quería hacer quedar bien a mi país y a su hospitalidad. 'Yo amo verlo tocar, es usted una gran influencia para mí' me dijo en un perfecto porteño digno de Villa Crespo o San Telmo. 'P-pensé que eras extranjero' le dije sin importar el halago que me había tirado (qué superficial).
'No, soy hijo de alemanes, vivo en Villa Ballester, y siempre lo sigo, a usted y su banda. Tienen una armonía deliciosa, y el guitarrista es muy bueno.' 'G-gracias! Por los halagos. Hacemos lo que podemos; nos nos podemos quejar, porque es lo que nos gusta. Vos sos músico tambien, me imagino''.
''Se imagina mal'', y no me gustó la manera en que lo dijo, y menos me gustó que sea una especie de groupie, vacío, carente de idea musical. ''No puedo llamarme músico como usted, soy aprendiz de ello'', y me cambió la cara. Sonrisa zonza que fue desde el ego a mi boca. Halago barato que me hizo olvidar de que el cajero me retuvo la tarjeta. ''Te repito, en que te puedo ayudar?''
Así empecé a conocer a mi gran amigo Klaus.
Es un hombre que no buscaba ni un autógrafo ni una ayuda económica. El tipo se enamoró de dos cosas; de una mujer y de la letra de una canción de mi autoría. La letra de la canción hablaba de un amor no correspondido. Klaus es el amor no correspondido materializado en persona. La letra de mi canción era mezcla de experiencia propia con fantasía y el baterista tambien me tiró ideas.
Klaus estaba convencido de que yo, como en la canción, tenía la respuesta para cesar su sufrimiento.
El amor no correspondido es tener el ego por encima de todo hasta un cierto punto. El ego por encima de todo en el amor es pensar que cualquier mujer puede ser para uno. El cierto punto es pensar que esa mujer a la que se ama y desea es la única que pareciera no querer tener tu amor, por mas que hagas lo que hagas. Esa pesadez, esa incertidumbre eterna, ese latigazo fino en la cerviz, ardor intenso que no llega a lastimar mortalmente; es una agonía eterna con una reflexión que siempre lleva al fracaso en la búsqueda del encuentro con ese amor. Eterna. Eso es el amor no correspondido. La primer charla con Klaus culminó con un abrazo compasivo de mi parte y yo, un ''famoso'' músico under pasándole mi número de celular para una próxima consulta terapéutica.
Granudo, en especial en la frente. Blanco teta y con las mejillas rosadas por el frío de Capital Federal a las 9 de la mañana de un Jueves cualquiera. Ni muy alto, ni tan bajo; de mi estatura mas o menos, pero con unos borcegos marrones espantosos y una riñonera llena de porquerías que lo único que le faltaba era un cartel de 'robame'. Iba ingenuo en su andar y no se por qué justo a mí se me presentó. Le habré generado algo; se sintió atraído por mi malhumor. Escondía las manos en un pullover verde llamativo y arrugaba un mapita del centro comercial. 'Hola, en que te puedo ayudar?' Por mas que me parecía desubicado en su accionar, pensé que tenía que ser amable con un extranjero. Quería hacer quedar bien a mi país y a su hospitalidad. 'Yo amo verlo tocar, es usted una gran influencia para mí' me dijo en un perfecto porteño digno de Villa Crespo o San Telmo. 'P-pensé que eras extranjero' le dije sin importar el halago que me había tirado (qué superficial).
'No, soy hijo de alemanes, vivo en Villa Ballester, y siempre lo sigo, a usted y su banda. Tienen una armonía deliciosa, y el guitarrista es muy bueno.' 'G-gracias! Por los halagos. Hacemos lo que podemos; nos nos podemos quejar, porque es lo que nos gusta. Vos sos músico tambien, me imagino''.
''Se imagina mal'', y no me gustó la manera en que lo dijo, y menos me gustó que sea una especie de groupie, vacío, carente de idea musical. ''No puedo llamarme músico como usted, soy aprendiz de ello'', y me cambió la cara. Sonrisa zonza que fue desde el ego a mi boca. Halago barato que me hizo olvidar de que el cajero me retuvo la tarjeta. ''Te repito, en que te puedo ayudar?''
Así empecé a conocer a mi gran amigo Klaus.
Es un hombre que no buscaba ni un autógrafo ni una ayuda económica. El tipo se enamoró de dos cosas; de una mujer y de la letra de una canción de mi autoría. La letra de la canción hablaba de un amor no correspondido. Klaus es el amor no correspondido materializado en persona. La letra de mi canción era mezcla de experiencia propia con fantasía y el baterista tambien me tiró ideas.
Klaus estaba convencido de que yo, como en la canción, tenía la respuesta para cesar su sufrimiento.
El amor no correspondido es tener el ego por encima de todo hasta un cierto punto. El ego por encima de todo en el amor es pensar que cualquier mujer puede ser para uno. El cierto punto es pensar que esa mujer a la que se ama y desea es la única que pareciera no querer tener tu amor, por mas que hagas lo que hagas. Esa pesadez, esa incertidumbre eterna, ese latigazo fino en la cerviz, ardor intenso que no llega a lastimar mortalmente; es una agonía eterna con una reflexión que siempre lleva al fracaso en la búsqueda del encuentro con ese amor. Eterna. Eso es el amor no correspondido. La primer charla con Klaus culminó con un abrazo compasivo de mi parte y yo, un ''famoso'' músico under pasándole mi número de celular para una próxima consulta terapéutica.
Paciencia
La
espera se hacía larga y la ansiedad y la quietud se fundían en un solo
sentimiento. Como una tensa calma, o un tranquilo nerviosismo, sabiendo
que tarde o temprano llegaría. Encontrar, buscar, vocablos no
disponibles en el diccionario de Soledad. Mas bien las cosas llegan y se
toman; y de lo que se toma se extirpa lo malo y se tira al tacho. Se
incorpora lo bueno. Se agarran las 7 cartas, con suerte un comodín, se
arman los juegos y se corta. 'Claro, sin apurarme demasiado ni
durmiéndome en los laureles.' El otro puede cortar primero pero incluso
así mi juego puede ser mejor. Y si el puntaje del otro es mejor? Me
gana, pero no pierdo. De eso tambien aprendo. Y seguramente me vaya
superando en mis juegos tras cada mano.'
La competencia más leal es con uno mismo. Soledad estaba convencida de estar haciendo bien las cosas, y de todo lo que le falta para aprender hasta el día de su muerte. Tomó un sorbo de jugo de ananá, esos de los de polvito. Se secó la boca con la manga y salió a la calle con el sol iluminándole los dientes perfectos de esa sonrisa de satisfacción. Soledad se sintió ganadora por su paciencia.
La competencia más leal es con uno mismo. Soledad estaba convencida de estar haciendo bien las cosas, y de todo lo que le falta para aprender hasta el día de su muerte. Tomó un sorbo de jugo de ananá, esos de los de polvito. Se secó la boca con la manga y salió a la calle con el sol iluminándole los dientes perfectos de esa sonrisa de satisfacción. Soledad se sintió ganadora por su paciencia.
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